viernes, 6 de marzo de 2015

NIETZSCHE: BIOGRAFÍA (1844-1900)



Friedrich Nietzsche nació en Alemania. Su padre era pastor luterano. Tras la muerte de éste, cuando Nietzsche tenía 5 años, y del hermano menor un año después, la familia se trasladó a vivir con la abuela materna y las hermanas solteras del padre, bajo la vigilancia de un magistrado local. Después de la muerte de su abuela, la familia pudo permitirse tener casa propia. Habiendo demostrado un talento especial para la música y el lenguaje, Nietzsche fue admitido en una reconocida escuela. Después de su graduación, comenzó sus estudios en teología y filología clásica y se familiarizó con la obra de Schopenhauer. Realizó un año de mili voluntaria, pero a causa de un accidente ecuestre, quedó excluido del servicio militar. 



 
Al poco tiempo, recibió una oferta extraordinaria de la Universidad de Basilea para convertirse en profesor antes de licenciarse. En su trabajo filológico, cabe reseñar el descubrimiento de que el ritmo en la métrica poética de los antiguos dependía únicamente de la duración de las sílabas a diferencia de la métrica moderna basada en la acentuación. La Universidad de Leipzig le concedió el doctorado sin examen ni disertación en mérito a la calidad de sus investigaciones. Inmediatamente la Universidad de Basilea lo nombró profesor y al año siguiente Nietzsche obtuvo la ciudadanía suiza y fue ascendido a profesor honorario. Después de trasladarse a Basilea, Nietzsche renunció a su ciudadanía alemana; sin embargo obtuvo un permiso para servir en el bando prusiano durante la guerra franco-prusiana pero sólo como médico camillero ya que la neutral Suiza le impidió reclutarse como combatiente. Su paso por la milicia fue tan sólo de un mes, pero fue testigo de los efectos traumáticos de la batalla. Contrajo difteria y disetería, enfermedades que le arruinaron la salud de por vida. Nietzsche fue testigo del establecimiento del Imperio alemán y el auge de Bismarck. 

Admiraba a Wagner y a su esposa, Cósima, y fue un asiduo invitado en su casa. Su primer libro, El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música, es una síntesis entre un preciso método filológico y sus especulaciones filosóficas, muy novedosa pero mal recibida por sus colegas filólogos. El filólogo Rohde y el mismo Wagner salieron públicamente en su defensa. Más tarde, el propio Nietzsche se apartaría de estas tesis inciales.

Después de un declive de salud, se vio forzado a abandonar su puesto como profesor. Desde su juventud, Nietzsche había padecido frecuentes momentos de debilidad generalizada, con épocas de carencia visual que rozaba la ceguera, fuertes migrañas y violentos ataques estomacales. Con la publicación de Humano, demasiado humano, un libro de aforismos sobre múltiples temas, desde la metafísica hasta la moralidad y de la religión al sexo, la distancia de Nietzsche respecto a la filosofía de Wagner y Schopenhauer fue evidente. Durante sus primeros años en Basilea se fraguó la ambivalente amistad: apreciaba a Wagner pero su explotación de motivos artísticos cristianos cada vez más acentuada, junto con su antisemitismo le fueron apartando de él. La composición de Parsifal, que Wagner concebiría más como un auto litúrgico que como una ópera, les separó definitivamente.

Conducido por su enfermedad a encontrar climas más templados, Nietzsche viajó frecuentemente en diferentes ciudades. Estuvo muchos veranos en Sils María (intuición del eterno retorno), y muchos otoños en ciudades italianas y en la ciudad francesa de Niza. Ocasionalmente volvía a Naumburgo a visitar a su familia, y especialmente durante este período, él y su hermana tuvieron repetidos episodios de conflicto y reconciliación. Vivía de su pensión de profesor retirado, pero también recibía ayuda de amigos. Nietzsche publicaría un libro (o su mayor parte) por año hasta 1888, su último año de escritura, durante el cual completó cinco. Entonces conoció a Lou Salomé: estuvieron el verano juntos en Tautenburg, a menudo con la hermana de Nietzsche, Elisabeth. Sin embargo, la visión que de Nietzsche tenía Salomé era más la de un amigo y compañero de discusiones lleno de genialidad, que el de una posible pareja. Él se enamoró de ella lo cual provocó una situación ambigua e incómoda entre ambos y su común amigo Rée. Cuando Nietzsche le pidió que se casara con él, Salomé lo rechazó. Las relaciones de Nietzsche con Salomé y Rée se rompieron, en parte por las intrigas llevadas a cabo por su hermana Elisabeth. En paralelo a esta historia, Lou Salomé de vez en cuando mantenía correspondencia con Freud, introduciéndolo en el pensamiento de Nietzsche. En el proceso de aparición de nuevos síntomas de su enfermedad, aislado tras las discusiones con su hermana y su madre, y acosado por pensamientos suicidas, se marchó a Rapallo, donde en sólo diez días, anticipados por dieciocho meses de incubación, escribió la primera parte de Así habló Zaratustra.

Su hermana Elisabeth se casó con un antisemita y viajó con él a Paraguay para fundar una colonia alemana, un plan al que Nietzsche contestó con ironía. Escribió su polémica Genealogía de la moral, y hacia finales de 1888, sus escritos y cartas empezaron a revelar una grave demencia.

En su 44 cumpleaños, Nietzsche tuvo un colapso mental. Ese día fue detenido tras, al parecer, haber provocado algún tipo de desorden público, por las calles de Turín. Lo que pasó exactamente es desconocido; la versión más extendida dice que Nietzsche caminaba por la Piazza Carlo Alberto, un repentino alboroto que causó un cochero al castigar a su caballo llamó su atención, Nietzsche corrió hacia él y lanzó sus brazos rodeando el cuello del caballo para protegerlo, desvaneciéndose acto seguido contra el suelo. Su madre Franziska decidió llevarlo a una clínica en Jena; pero al poco tiempo lo llevó a su casa. Durante este proceso, contemplaron la idea de qué hacer con el trabajo no publicado de Nietzsche. Se pusieron a planear la salida de El crepúsculo de los ídolos, por esa época ya impreso y atado. Ordenaron una edición privada de 50 copias de Nietzsche Contra Wagner, pero el publicista C. G. Nauman en secreto imprimió 100. También decidieron publicar con reservas El Anticristo y Ecce homo debido a su contenido más radical. 

Elisabeth Nietzsche volvió de Paraguay después del suicidio de su marido. Leyó y estudió los trabajos de Nietzsche, y tomó control sobre ellos y su publicación, llevando a cabo una publicación altamente tergiversada. El 25 de agosto de 1900, Nietzsche murió después de contraer neumonía. Por deseo de Elisabeth, fue inhumado como su padre en la iglesia de Röcken.

COMENTARIO AL TEXTO DE FREUD



Ricoeur –como vimos en el primer texto- designó la obra de Sigmund Freud como el tercer episodio (tras Marx y Nietzsche) de la sospecha, de hecho el más significativo por su evidente potencial hermenéutico, es decir, por ser el que se apoya más decididamente en el lenguaje. Pero lo cierto es que en Freud no hay sospecha alguna, lo que hay más bien es apropiación del positivismo más craso del objeto que más se resistía hasta el momento a su conocimiento, o sea, el alma, la psique. No existe, pues, ninguna sospecha en Freud, sino nada más que un intento de acceso científico a zonas hasta el momento vírgenes para el saber occidental: la zona del subconsciente, de lo que se nos escapaba a la racionalidad. Si Descartes dudaba sobre la distinción entre la vigilia y el sueño, ahora ni tan siquiera cabe esa duda: el sueño es la vía regia hacia el inconsciente, es también significativo, interpretable y, por tanto, objeto de racionalidad para el sujeto cognoscente.

Freud siembra la sospecha porque introduce un elemento perturbador en la historia del pensamiento: el inconsciente. Hasta este momento, Occidente ha creído actuar de manera consciente en todo momento; Freud pone sobre la mesa la incómoda presencia de algo que está fuera de nuestro control. El propio Freud describe esta situación en su obra Una dificultad del psicoanálisis como una de “las tres heridas de la humanidad”

  • Copérnico desplazó a la humanidad de su centralidad en el universo anunciando el giro desde el geocentrismo aristotélico al heliocentrismo (herida cosmológica);
  • Darwin nos colocó como un mero eslabón más en la cadena evolutiva de los animales (herida biológica);
  • y, por fin, Freud nos generó la inseguridad respecto de una porción significativa de nuestros actos, aquellos que mantenemos reprimidos en el inconsciente (herida psicológica). A los contenidos del subconsciente no les afectan las leyes de la lógica, ni las categorías, ni las intuiciones puras del espacio y el tiempo; en el marco de actuación del yo kantiano, el sujeto que alcanza la mayoría de edad de la razón, de pronto, pierde la brújula en toda una zona de cognoscibilidad.


Sin embargo, el propio Freud da la pista para curar esta herida con un tratamiento decididamente moderno: la CIENCIA del psicoanálisis (que en este texto, además se hace extensiva a cualquier discurso científico, fuera de la sospecha de una ilusión). Finalmente, la operación del psicoanalista no es otra que la de fortalecer el YO, es decir, situarlo en el nivel más próximo al sujeto trascendental, recuperar la primacía de la res cogitans a costa de ponernos en manos del especialista, del científico, poseedor del logos verdadero para interpretar nuestro yo oculto. Así, el psicoanalista -a la manera de la mayéutica socrática- irá ayudándonos a explorar nuestro yo a base de preguntas, cuyas respuestas esconden la verdad oculta, reprimida.

Por tanto, como ya ocurriera con Marx, este maestro de la sospecha termina desembocando en una solución propiamente moderna y nada sospechosa. A la filosofía no le intimidan nuevos espacios metafísicos que desvelar; si la pretensión fuera atacar el modelo occidental del pensar, más bien habría tenido que renunciar al tratamiento o, mejor, dar a cada sujeto individual la capacidad libre y contingente de interpretar sin reglas su subconsciente, que, ahora ya, no debería denominarse así (“por debajo de”), es decir de modo peyorativo, sino que debería situarse al mismo nivel dentro del aparato psíquico como otra manera distinta de consciencia.

martes, 3 de marzo de 2015

FILMOGRAFÍA SOBRE FREUD

Os adjunto los enlaces a:

  • La película "Un método peligroso" de Cronenberg


  • La de "Freud, pasión secreta" (Huston). (Trailer)


  • Y la de "El día que Nietzsche lloró" (versión cinematográfica de la novela sobre la que habló Raquel...el libro es mucho mejor)







viernes, 27 de febrero de 2015

A propósito de Dios



Al inicio de este curso, me encontraba leyendo “Solaris” de Stanislaw Lem. Allí encontré esta joyita:

“- (…) No soy especialista en historia de las religiones y tal vez no haya inventado nada. ¿Sabes, por casualidad, si existió alguna vez una fe en un dios... imperfecto?
Snaut frunció las cejas.
- ¿Imperfecto? ¿Qué quieres decir? En cierto sentido, todos los dioses eran imperfectos, una suma de atributos humanos magnificados. El Dios del Antiguo Testamento, por ejemplo, exigía sumisión y sacrificios, y tenía celos de los otros dioses... Los dioses  griegos,  de humor belicoso, enredados en disputas de familia, eran tan imperfectos como los hombres.
Lo interrumpí.
- No, no pienso en dioses nacidos del candor de los seres humanos, sino en dioses de una imperfección fundamental, inmanente. Un dios limitado, falible, incapaz de prever las consecuencias de un acto, creador de fenómenos que provocan horror. Es un dios... enfermo, de una ambición superior a sus propias fuerzas, y él no lo sabe. Un dios que ha creado relojes, pero no el tiempo que ellos miden. Ha creado sistemas o mecanismos, con fines específicos, que han sido traicionados. Ha creado la eternidad, que sea la medida de un poder infinito, y que mide lo una infinita derrota.
Snaut titubeó, pero ya no me mostraba esa desconfiada reserva de los últimos tiempos.
- El maniqueísmo, antaño...
Lo interrumpí.
- Ninguna relación con el principio del Bien y del Mal. Este dios no existe fuera de la materia, quisiera librarse de la materia, pero no puede...
Snaut reflexionó un instante.
- No conozco ninguna religión de ese tipo. Esta especie de religión nunca fue... necesaria. Si te comprendo, y temo haberte comprendido, piensas en un dios evolutivo, que se desarrolla en el tiempo, crece, y es cada vez más poderoso, aunque sabe también que no tiene bastante poder. Para tu dios, la condición divina no tiene salida; y habiendo comprendido esa situación, se desespera. Sí, pero el dios desesperado ¿no es el hombre, mi querido Kelvin? Es del hombre de quien me hablas Tu dios no es sólo una falacia filosófica, sino también una falacia mística.
- No, no se trata del hombre —insistí—. Es posible que en ciertos aspectos el hombre se acomode a esta definicn provisional, y también deficiente. El hombre, a pesar de las apariencias, no inventa metas. El tiempo, la época, se las imponen. El hombre puede someterse a una época o sublevarse; pero el objeto aceptado o rechazado le viene siempre del exterior. Si sólo hubiese un hombre, quizá pudiera tratar de inventarse una meta; sin embargo, el hombre que no ha sido educado entre otros seres humanos no llega a convertirse en  hombre.  Y el  ser que  yo... que  yo concibo.. . no puede existir en plural ¿comprendes? (…)”