domingo, 7 de diciembre de 2014

Dualidad Onda-Partícula. De la certeza a la interpretación.

Existe un experimento que removió conceptos bien asentados en la física tradicional. Fue el experimento de la doble rendija.

Hasta ese momento, los electrones eran definidos como partículas, entes individuales con cierta masa y con trayectorias definidas. La luz en cambio se caracterizaba por comportarse como una onda, una perturbación del campo, con masa cero y la ya conocida velocidad de 300.000 km/s en el vacío.

La física tradicional conocía que si una partícula golpea contra un muro que tiene un agujero, si consigue pasar por el agujero, golpeará en la pared contraria en un lugar concreto. Si pasan muchas, incidirán en muchos sitios, todos cercanos, pero siempre podremos asociar el impacto a una trayectoria determinada y predeterminada por su ángulo de salida, su velocidad, etc. Si el muro tiene dos agujeros, es de esperar que el resultado sea semejante, dos zonas concretas de la pared en donde inciden las partículas según pasen por uno u otro agujero

También se sabía, gracias a Young, que cuando la luz pasa por un muro con un agujero, se produce un resultado tal que vemos el punto central más iluminado y según nos alejamos de él la intensidad disminuye. Igual que cuando iluminamos con una linterna, que vemos la parte central más iluminada.
Pero cuando la luz pasa por dos agujeros, por las leyes de las interferencias de ondas, se producen máximos y mínimos de intensidad y aparecen bandas de luz y oscuridad sucesivas, como se ve puede ver en esta figura.




Hasta aquí todo eran certezas. Ahora bien, llegamos al siglo XX y se les ocurre utilizar electrones (unas bonitas párticulas hasta ese momento) para que pasasen por una doble rendija y se observó lo siguiente:



Se observa que los electrones, aún emitiéndose uno a uno, reproducen un cuadro de interferencias como el que producen las ondas de luz. Lo primero que se pensó es: revisemos los modelos y caractericemos a los electrones no como partículas sino como ondas.
Pero lo sorprendente ocurrió cuando se repitió este experimento, esta vez intentando observar por qué agujero pasaban los electrones antes de que incidiesen en la pared. Para ello se colocó un detector antes del muro. Cuando se producía la observación, el patrón de impactos en la pared era el previsto para el caso de las partículas: dos zonas de impacto diferenciadas.
Es decir: si se deja el fenómeno solo, el resultado es el producido por una onda. Si se observa el fenómeno, el resultado se asemeja al producido por una partícula.

Por ello se empezó a hablar de la dualidad onda-partícula. Los electrones no son ni onda ni partícula sino que se comportan como onda en unos casos y como partícula en otros. Y lo más importante: El observador interviene en el objeto observado.

Todo esto ocurrió a principios del siglo XX.  Nietzsche y Marx habían muerto ya. Freud hacía veinte años que había publicado “la interpretación de los sueños”. La ciencia certera y, sobre todo, objetiva, se tambaleaba. De ahí que en este estupendo video se hable del “infame” experimento de la doble rendija. Es muy bueno:



COROLARIO:
¿Y qué hacer con todo esto? Ya lo dijo Sheldon en el capítulo piloto de The Big Bang Theory:


martes, 2 de diciembre de 2014

Complemento a Ricoeur

Os paso el enlace de un artículo escrito por Óscar Sánchez Vadillo, en el que confronta las maneras de crítica literaria de H. Bloom y Ricoeur. Está publicado en la revista digital Hypérbole.

Glosario: el concepto de "TRASCENDENTAL"



EL CONCEPTO DE “TRASCENDENTAL”:

Un poco de historia:

  • En su acepción filosófica, trascendental viene a significar, de un modo general, "lo que trasciende", en el sentido de "lo que está más allá" de alguna realidad, considerada metafísica o gnoseológicamente.
  • En la filosofía escolástica, el término se emplea para referirse a alguna propiedad del "ser en cuanto ser", propiedad que, al pertenecer al ser en su máximo grado de generalidad, y no a éste o a aquél ente particular, recibe el nombre de trascendental (propiedades trascendentales).
  • En la filosofía moderna, el término experimenta un importante cambio en su significado, a través especialmente del uso que hace Kant de él. En Kant, lo trascendental será asimilado al conocimiento que se ocupa, no del conocimiento de los objetos, sino del modo de conocer a los objetos en cuanto esto es posible "a priori". Lo trascendental deja de designar, pues, una propiedad del "ser en cuanto ser" (a la manera escolástica) para pasar a designar la reflexión sobre los elementos "a priori" del conocimiento humano, es decir espacio y tiempo y las categorías (que también había utilizado Aristóteles, aunque de modo no “apriorístico” y, en todo caso, como un listado abierto). Kant distingue dos tipos de condiciones que se han de cumplir para que podamos experimentar un objeto: las condiciones empíricas y las condiciones a priori o trascendentales. Las condiciones empíricas dependen de la estructura empírica del sujeto –su circunstancia física y psicológica– y son particulares y contingentes. Por ejemplo, para ver las letras escritas en la pizarra algunas personas necesitan utilizar gafas, este requisito o condición es empírico pues no todo el mundo las precisa, y en el caso de las personas que las utilizan es perfectamente pensable una situación que les permita no necesitarlas –por ejemplo, una intervención médica que les ayude a corregir su dificultad visual. Frente a estas condiciones Kant creyó que existen otras, a las que llamó trascendentales, y que no dependen de las circunstancias o peculiaridades empíricas del sujeto sino que descansan en la estructura misma de la mente. Estas condiciones son universales y necesarias y no pueden dejar de darse ni modificarse ni con el desarrollo de la técnica ni con el avance de la ciencia. Estas condiciones son las formas a priori de la Sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del Entendimiento. Esto da pie a la posibilidad de un conocimiento trascendental.
  • No se debe confundir trascendental con trascendente: trascendente es lo que no es fenómeno, lo que está más allá de la experiencia empírica: Dios,  alma y mundo (lo que Kant llama noúmenos, sobre los que podemos pensar pero nunca tener conocimientos… el empeño de la metafísica a lo largo de la historia de llegar a CONOCERLOS es lo que ha provocado que la filosofía haya sido un “continuo campo de batalla”, frente a la ciencia, que no para de progresar). 
  • Husserl (s. XIX-XX): plantea su modelo fenomenológico retomando este modelo kantiano; el objeto no es conocido por el sujeto sino que el sujeto es el que define al objeto desde su perspectiva, aplicando la epoché
  • Ricoeur (s. XX): hará lo propio desde la hermenéutica; el objeto textual es definido por la determinación del sujeto cognoscente que lo interpreta, pero no de un modo arbitrario sino según una lógica trascendental (no sujeta a condiciones particulares).     

Y ¿por qué es tan influyente este cambio de modelo explicativo que propone Kant? Él afirmaba haber “despertado del sueño dogmático de la razón” tras la aceptación de la crítica de Hume al principio causalidad. A partir de ese momento estableció el “giro copernicano” de la filosofía: el objeto no es conocido por el sujeto sino que el sujeto es el que define al objeto, lo nombra a través de las categorías (primacía de la Razón universal…).
Para la filosofía moderna, el conocimiento de hechos está fundado en la relación causa-efecto. Esta relación se ha interpretado tradicionalmente bajo la noción del principio de causalidad. Según Hume, la relación causal se ha concebido como una "conexión necesaria" entre la causa y el efecto, de tal modo que, conocida la causa, la razón puede deducir el efecto que se seguirá y viceversa. Ahora bien, como quiera que una idea será verdadera si hay una impresión que le corresponde, cabría preguntarse si hay alguna impresión que corresponda a la idea de "conexión necesaria" y, por lo tanto, si es legítimo su uso, o es una idea falsa a la que no corresponde ninguna impresión.
Por ejemplo, en el choque de dos bolas de billar, nos dice Hume, observamos el movimiento de la primera bola y su impacto (causa) sobre la segunda, que se pone en movimiento (efecto); en ambos casos, tanto a la causa como al efecto les corresponde una impresión, siendo verdaderas dichas ideas. Estamos convencidos de que si la primera bola impacta con la segunda, ésta se desplazará supuesta la "conexión necesaria" entre la causa y el efecto. Pero ¿hay alguna impresión que le corresponda a esta idea de "conexión necesaria"? No, dice Hume; lo único que observamos es la sucesión entre el movimiento de la primera bola y el movimiento de la segunda; de lo único que tenemos impresión es de la idea de sucesión, pero por ninguna parte aparece una impresión que corresponda a la idea de "conexión necesaria", por lo que hemos de concluir que la idea de que existe una "conexión necesaria" entre la causa y el efecto es una idea falsa. El hábito (la costumbre) de haber observado siempre que los dos fenómenos se producen uno a continuación del otro, produce en nosotros el convencimiento de que esa sucesión es necesaria. Por tanto, dado que la idea de "conexión necesaria" ha resultado ser una idea falsa, el pensamiento de Hume concluye en una forma de escepticismo teórico.
Kant, en líneas generales, está de acuerdo con el análisis humeano del conocimiento: en la idea de que “todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia” y las razonables dudas que de ello se desprenden para un conocimiento cierto de la realidad. Para Kant, sin embargo, la conclusión escéptica era precipitada porque pasaba por alto una segunda crítica: la idea de que conocemos (si hay posibilidad de conocer) las cosas tal como son, es decir, que nuestra mente se adapta a las cosas que conoce, y conocer consiste en moldear nuestra mente según las cosas conocidas. Si aceptamos esto, el escepticismo humeano parece inevitable. Ahora bien, según Kant, no conocemos las cosas tal y como son en sí mismas, sino que de las cosas sólo conocemos aquello que ponemos en ellas; y nuestro conocimiento se limita al orden fenoménico y no al  nouménico (Dios, alma y mundo). Dicho en otras palabras, ya no es la realidad quien impone sus esquemas a la mente, sino la mente quien impone sus esquemas a la realidad.


                APLICACIÓN DEL “GIRO COPERNICANO” A LA FILOSOFÍA/HERMENÉUTICA
Revolución
En astronomía
En filosofía
En hermenéutica
Problema a explicar
El movimiento aparente de los astros.
El conocimiento a priori.
La interpretación racional de los textos filosóficos.
Antes de la “revolución”
La Tierra en el centro del Universo y el Sol girando a su  alrededor.
El sujeto llega al conocimiento cuando se somete a las cosas;
 el sujeto es pasivo.
Objeto —›Sujeto
Los textos filosóficos tienen un significado unívoco, sobre el que se debe aplicar la semántica de la lógica formal: nuestros enunciados pueden ser isomorfos a estados de cosas del mundo
(sin atender la pragmática)
“De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”
Consecuencia 1
No se puede explicar el movimiento aparente de los astros.
No tenemos impresión de la idea de “conexión”, por tanto, el pensamiento desemboca en el escepticismo; y no se puede explicar el conocimiento a priori.

No se pueden explicar ciertos enunciados plurívocos, en los que no se sostiene el principio de tercero excluido: “la lógica no da lecciones al ser”

Después de la revolución
El Sol en el centro del Universo y la Tierra girando a su alrededor.
El sujeto impone  características a las cosas que se quieren conocer;
el objeto se pliega al sujeto en la experiencia de conocimiento.
Sujeto —› Objeto

Se recupera el “basurero de Frege”; las interpretaciones son plurívocas, dependen de una lógica de doble sentido.
Sujeto cognoscente/interpretador -> Objeto textual
Consecuencia 2
Se puede explicar el movimiento aparente de los astros.
Se pueden explicar el conocimiento sintético a priori y la primacía de una Razón universal, aplicando a nuestro conocimiento las condiciones trascendentales.

Todo texto es interpretable pero no de manera arbitraria, sino siguiendo la pauta de una lógica trascendental.

El lenguaje bajo sospecha.

Me dio la impresión que en el debate de la última sesión se suscitaron ciertas dudas sobre la capacidad que tiene el lenguaje para comunicarnos y sobre los problemas que nos supone la lengua para expresarnos. Más de uno, entre ellos yo, ha sentido en algún momento que es incapaz de hacerse entender por el otro a pesar de que lo intente y lo intente con insistencia. Podríamos decir entonces, ya que andamos enredados en la intriga, que el lenguaje también esté bajo sospecha.
Se me ocurre, que quizá sería útil, echar un vistazo a las teorías lingüísticas que han recapacitado sobre estos asuntos.
Al concepto lenguaje le han llovido multitud de definiciones que lejos de crear una unidad de criterio han favorecido a la ambigüedad y casi a la polisemia del término. Como es imposible recoger todas las definiciones se han marcado dos líneas generales de estudio:
- Lenguaje como un sistema de signos. Estructuralistas y generativistas, preocupados sólo por describir el código.
- Lenguaje desde una dimensión comunicativa. La Lingüística del Texto y la Pragmática.
Sobre el concepto comunicación también se han vertido multitud de definiciones. El psicoanalista Juan Mayor llega a contabilizar más de ciento ochenta.
La Teoría General de la Comunicación la define como la transmisión de información entre un emisor A y un receptor B a través de un medio C. Esta definición se queda corta si no tenemos en cuenta conceptos como codificación/ostensión y decodificación/inferencia. Cuando un emisor codifica un mensaje a la vez está mostrando un referente (ostensión) que el receptor en el proceso de decodificación lo infiere, es decir, de todos los significados posibles escoge uno.
. La lingüística como ciencia nace en el siglo XIX en Alemania de mano de la Lingüística Indoeuropea Comparada de corte romántico-positivista que se interesa por un estudio diacrónico en el campo de la morfología. Hijos de esta escuela serán los Neogramáticos que siguen la misma línea de estudio que sus profesores.
Como respuesta a esta vertiente de estudio surge la Escuela Idealista de Croce Y Vossler que defienden la naturaleza alógica del lenguaje y lo entienden como algo casi mágico.
Por otro lado Meillet reflexiona sobre el carácter social de la lengua.
. En el siglo XX aparecerá el Estructuralismo, cuyo principal representante en la lingüística será Saussure, que en su Curso de lingüística comparada de corte descriptivo, sincrónico y formalista recoge conceptos tales como el signo lingüístico, lengua (sistema de signos) y habla (la parte social de la lengua, el uso), diacronía, sincronía
Otro estructuralista como el norteamericano Bloomfield afirma que lo único que podemos estudiar es el proceso de ida y vuelta, el estímulo y la respuesta, pero que lo que pase en el pensamiento de los hablantes es imposible averiguarlo.
El filósofo y lingüista Bühler definirá la lengua como un órgano constituido por producto y actividad, un drama de tres personajes:
·         Representación, respecto al mundo.
·         Expresión, respecto al yo.
·         Apelación, respecto al tú.
Heredero de Karl Bühler será Jakobson cuando elabore el cuadro de la funciones del lenguaje:
·         La función representativa es la capacidad que tiene el lenguaje de mostrar la realidad. Ligada al modo indicativo de la lengua, al significado denotativo y las oraciones enunciativas. (El contexto).
·         La función expresiva es la capacidad que tiene el lenguaje de transmitir sentimientos y emociones. Ligada al modo subjuntivo de los verbos, al significado connotativo y las oraciones exclamativas, dubitativas, desiderativa. (El emisor).
·         La función apelativa o conativa es la capacidad que tiene el lenguaje de influir en el receptor. Ligada al modo imperativo de los verbos y a las oraciones exhortativas. (El receptor).
·         La función poética es la capacidad que tiene el lenguaje de crear un mensaje estético. (El mensaje).
·         La función fática es la capacidad que tiene el lenguaje para mantener la atención y que no se rompa el canal de comunicación. (El Canal)
·         La función metalingüística es la capacidad que tiene el lenguaje para reflexionar sobre el propio código. (El código).
Como se puede observar, hasta este momento las grandes corrientes lingüísticas habían ignorado la semántica y se habían centrado en hacer un estudio del lenguaje que clasificara y organizara el sistema de signos.
En el siglo XX, la Filosofía del Lenguaje y especialmente la Escuela de Oxford culpan a la palabra de haber introducido a la filosofía en un camino sin retorno llenándola de ambigüedad.
Morris en 1938 recuperará el término pragmática para mantener que el lenguaje está formado por tres componentes:
·         Componente sintáctico.
·         Componente semántico.
·         Componente pragmático. (Por primera vez se abre una puerta para estudiar el lenguaje como actividad, la comunicación como acto, es decir, la posibilidad del hablante de actuar cuando emite mensajes).
Austen (filósofo norteamericano) junto a Searle elaboran la teoría de los actos de habla y serán los principales representantes de la Pragmática. Para ellos en cada enunciado aparecen simultáneamente tres tipos de actos de habla:
·         Acto locutivo o capacidad del hablante de representar el mundo.
·         Acto ilocutivo o capacidad del hablante de expresar sus sentimientos.
·          Acto perlocutivo o capacidad del hablante de influir en el mundo, en los demás.
En Europa, casi simultáneamente, surge la Lingüística del Texto, cuyo principales representantes serán Vigostky y Luria,  preocupados también por la dimensión comunicativa del lenguaje, y realizan la Teoría de la Actividad Verbal, influida por Bühler. Para estos la comunicación es actividad y como cualquier actividad puede regirse por unas reglas:
·         Motivaión, que en el cato verbal será la intención del hablante.
·         Finalidad, que en el acto verbal será el objetivo que persiga el hablante.
·         Planificación, que en el acto verbal será la selección de la s palabras.
·         Realización, que será el acto verbal en sí.

Dejando a un lado la Lingüística y ya para concluir con este vistazo rápido y muy resumido en el que se han quedado algunas corrientes por el camino como el generativismo de Chomsky, quisiera recoger algunas de las propiedades que presentan los textos literarios en su conjunto: opacos, polisémicos, abiertos a diferentes interpretaciones, únicos, necesarios, subjetivos y connotativos.

Pictogramas

Interesante reflexion sobre los símbolos y su/s significado/s:


Los estereotipos de género, resumidos en veinte esclarecedores pictogramas